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La Excelencia en el deporte

Este fin de semana, leí un ensayo de Brad Stulberg que me hizo reflexionar profundamente sobre lo que los Juegos Olímpicos nos pueden enseñar acerca de la excelencia.

Stulberg utiliza ejemplos de atletas como Simone Biles o Noah Lyles para argumentar que la excelencia no es simplemente ganar o alcanzar la perfección. Es un proceso continuo de crecimiento personal, resiliencia y respeto hacia los demás.

Estas ideas resonaron mucho conmigo porque, aunque nunca he sido un atleta olímpico ni tengo un gran palmarés, he vivido experiencias que me han ayudado a ser un deportista excelente, dicho con humildad.

Reflexionando sobre estas experiencias, me he dado cuenta de que los principios que guían a los grandes atletas son los mismos que me han permitido superar desafíos, mejorar día a día y disfrutar del deporte y la vida.

Aquí comparto algunas lecciones clave para ayudarte en tu camino hacia la excelencia, no solo como corredor, sino también como persona.

1. La excelencia comienza con la humildad y el respeto

Ser un atleta excelente no se trata solo de tu propio éxito; se trata de reconocer y valorar los logros de los demás. Cuando celebras sinceramente los éxitos de tus compañeros y rivales, no solo les estás dando algo valioso (tu reconocimiento), sino que también estás creando una base para que ellos te apoyen y te animen en tus propias victorias.

Yo siempre he sido competitivo, pero nunca he dejado de admirar el esfuerzo y logros de mis rivales, como Juan y Pakiko, quienes ahora son grandes amigos. Reconocer su esfuerzo no solo me ha hecho mejor deportista, sino también una mejor persona.

La próxima vez que un compañero o rival tenga un buen desempeño, felicítalo sinceramente. Esta pequeña acción puede fortalecer tus relaciones y convertir a tus rivales en aliados que te inspiren a mejorar constantemente.

2. Acepta tu vulnerabilidad y aprende de las adversidades

Todos somos vulnerables, y enfrentamos momentos difíciles: lesiones, malas carreras o problemas personales. Estos episodios pueden afectarte tanto física como mentalmente; pero también son una oportunidad para crecer.

La llave para superar estos retos es ser consistente en tu enfoque y aprender a abrazar la vulnerabilidad.

Un concepto que me ha ayudado es el de ser «antifrágil«, un término del filósofo Nassim Nicholas Taleb.

Ser antifrágil significa que no solo resistimos las adversidades, sino que mejoramos gracias a ellas.

Una mala carrera no es un fracaso; es una oportunidad para aprender y hacerlo mejor la próxima vez. Imagina que tienes una lesión. En lugar de verlo solo como un retroceso en tu preparación, piensa en cómo puedes aprovechar ese tiempo para aprender y mejorar en otras áreas del entrenamiento o la fuerza mental leyendo el libro Escuela de Trail.

Por ejemplo, si tienes una lesión en la pierna, aprovecha para mejorar la fuerza del tren superior o trabaja en la visualización y la técnica mental.

Personalmente he pasado por muchas dificultades, desde lesiones hasta grandes decepciones personales. La última lesión, hace dos años, fue especialmente dura, pero me hizo más fuerte y motivado si cabe. Hoy, me siento más motivado que nunca para afrontar la preparación de mi primer maratón de asfalto en 2025.

3. Enfócate en el proceso, no solo en los resultados

La excelencia no se mide solo por las medallas o trofeos que ganes, sino por tu dedicación al proceso diario de mejora. Muchos atletas de élite, como Jakob Ingebrigtsen, han demostrado que el éxito es el resultado de años de trabajo constante y enfocado. Ingebrigtsen, recientemente, batió el récord mundial de 3000 metros, un logro que es el fruto de su compromiso inquebrantable con la mejora continua.

En lugar de obsesionarte con los resultados, enfócate en las pequeñas mejoras diarias: mejorar en las bajadas, aumentar tu velocidad máxima, aguantar un poco más corriendo antes de andar en esa subida que sueles hacer o resolver problemas estomacales durante las carreras.

Celebra estos pequeños logros, porque cada uno de ellos es un paso hacia adelante. Recuerda que un rascacielos se construye ladrillo a ladrillo. Deja de lado las clasificaciones y enfócate en mejorar cada día.

Un Ejemplo práctico: Establece una meta de proceso para tu próxima semana de entrenamiento, como sumar 10 horas de volumen con una distribución de la intensidad 80/10/10 o hacer +3.000m de desnivel. Al final de la semana, evalúa tu progreso y celebra el haberlo conseguido y cualquier pequeña mejora adicional.

Recuerda, cada pequeño logro es un paso hacia la excelencia.

4. No camines solo: construye un equipo

El camino hacia la excelencia es más efectivo cuando te rodeas de personas que comparten tu visión y pueden apoyarte en tu viaje.

Un equipo sólido incluye a tu entrenador, fisioterapeuta, nutricionista, psicólogo, compañeros de entrenamiento, médico y, por supuesto, tu familia. La camaradería y el apoyo mutuo son fundamentales. Aprende de todos ellos y adapta lo que te sirva a tu propia realidad.

Una sugerencia: Si aún no tienes un equipo de apoyo sólido, considera quiénes pueden ser tus aliados en tu camino deportivo. Empieza a construir relaciones con expertos en las áreas donde sientes que necesitas más apoyo, ya sea un nutricionista para mejorar tu alimentación o un entrenador para ayudarte a planificar y guiar tu proceso.

Recuerda, los logros más grandes a menudo son el resultado de esfuerzos colectivos.

5. Estar presente y ser paciente

Para ser un corredor excelente, debes estar presente en cada momento de tu entrenamiento. ¿que significa esto exactamente?

Concéntrate en la calidad de cada repetición, en tu técnica y en cómo te sientes en cada paso del camino: Si toca un rodaje suave, concéntrate en tu respiración, en tu cadencia, en tu postura y vigila no salir de la zona marcada. Si toca hacer series, enfócate en la potencia, en la frecuencia cardíaca, en la recuperación. Observa como sube la frecuencia cardíaca conforme pasa el tiempo, o controla cuanto tiempo tarda en bajar a la zona 1.

La paciencia es un recurso valioso y escaso en el camino hacia la excelencia. Y es clave es largo y no hay atajos. Se necesitan años de preparación constante para alcanzar el mejor nivel.

Mi caso particular: Después de una lesión grave, mi regreso fue muy duro. Los dolores, las pulsaciones elevadas, la incapacidad de trotar más de cinco minutos a un ritmo lento… Todo era deprimente. Pero con paciencia y esfuerzo, poco a poco, empecé a ver mejoras. El proceso fue largo, pero al final, se hizo la luz.

Un caso reciente: El caso de Jakob Ingebrigtsen, quien recientemente batió el récord mundial de 3000 metros, es un ejemplo claro de este proceso. Jakob ha estado entrenando desde una edad muy temprana bajo la guía de su padre y entrenador. Desde su infancia, ha seguido un plan de entrenamiento sistemático y ha competido a nivel internacional desde muy joven.

El éxito de Ingebrigtsen no solo es el resultado de su talento natural, sino también de su capacidad para mantener una rutina de entrenamiento consistente a lo largo de los años, a pesar de los desafíos, como las lesiones y los períodos de bajo rendimiento. Estos desafíos son comunes en la carrera de cualquier deportista de élite y superarlos es parte integral del camino hacia la cima.

Una sugerencia: Durante tu próxima sesión de entrenamiento, practica estar completamente presente. Si estás corriendo a un ritmo suave, concéntrate en cada aspecto de tu técnica y cómo te sientes. Y deja de lado las distracciones, como la música, para poder enfocarte plenamente en el proceso.

Si te enfocas en estar presente y disfrutar del proceso, estarás mejor equipado para enfrentar los desafíos que se presenten en el camino.

Reflexiona y evalúa tu progreso

Es admirable tener ambición y querer mejorar, pero es importante equilibrar esos deseos con un enfoque humano. No solo te desarrolles como deportista, sino también como persona.

Con los años, he aprendido a reflexionar sobre mi progreso, tanto a nivel deportivo como personal. Cada mes, me tomo un día para pensar y evaluar dónde estoy y de dónde vengo. Este proceso me ayuda a mantener el rumbo y seguir creciendo.

Ejemplo práctico: Reserva un día al mes para reflexionar sobre tu progreso. Pregúntate: ¿Dónde estaba hace un mes? ¿Dónde estoy ahora? ¿Qué puedo hacer para seguir avanzando? Este ejercicio te permitirá mantener una visión clara de tu camino y ajustar tu enfoque según sea necesario.

Recuerda, la excelencia no es un destino, sino un viaje continuo. ¡Disfruta del proceso y sigue adelante, siempre con humildad, respeto y perseverancia!