Es diciembre. Hace frío y el calendario de grandes citas está vacío. Sin embargo, si bajas al parque o sales por los senderos habituales, el panorama es el mismo de siempre: corredores con el cuchillo entre los dientes haciendo series agónicas.
Veo a diario a gente que acaba de cruzar una meta y ya tiene fecha para la siguiente dentro de tres semanas. Pasan directamente a la especificidad de la siguiente carrera. Otros están apuntándose en el postcarrera en Noviembre a una liga que empieza en enero de 2026.
El foco está puesto en competir y competir. Nadie habla de construir. Nadie habla de descansar.
Esto me choca bastante. Aprendí a correr y a competir en el ciclismo, un deporte donde la cultura es distinta. Allí la temporada se planifica con tiralíneas: picos de forma para los campeonatos, fin de temporada en octubre, un parón real de dos o tres semanas y luego un invierno largo de base y gimnasio.
El ciclista sabe que para andar rápido en mayo tiene que ir despacio en diciembre. El corredor popular, en cambio, parece un Fórmula 1 que se niega a entrar en boxes porque cree que pierde tiempo, aunque lleve los neumáticos en las lonas y el motor echando humo.
Y ya sabes lo que dice el refranero: tanto va el cántaro a la fuente, que al final se rompe.
Y por desgracia para ellos, veo a muchos corredores que se rompen más de lo que deberían.
El miedo al vacío
No actuamos así por casualidad. Para el corredor popular el deporte actúa muchas veces como ansiolítico. Tapamos el estrés del trabajo o los problemas familiares con kilómetros. Existe esa creencia instalada de que más siempre es mejor.
El miedo al vacío es real. Piensas que si paras dos semanas vas a perder todo lo que has ganado en dos años.
Sin embargo, realmente desconoces cómo funciona el desentrenamiento y crees que tu cuerpo es una máquina de sumar que nunca necesita restar.
Pero la fisiología es tozuda. Si no paras por decisión propia para asimilar el trabajo, tu cuerpo te parará por obligación mediante una lesión (por sobreuso) o una enfermedad inoportuna (por debilitamiento del sistema inmune).
¿Te suena esto?
Quizá pienses que tú no eres uno de esos “suicidas deportivos”, pero los síntomas son claros. Revisa si cumples alguno:
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Tus marcas están estancadas desde hace temporadas. Entrenas más, pero corres igual.
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Sufres molestias migratorias y cíclicas. Hoy la rodilla, mañana el isquio. Y lo peor es que tratas de taparlas con antiinflamatorios para seguir tirando.
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Te pones de mal humor o irritable si un día no puedes salir a entrenar.
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Has perdido la chispa. Compites por inercia, no por hambre real.
La gran diferencia: Profesionales vs. Amateurs
Aquí reside el verdadero error de concepto. A menudo pensamos que ser “pro” significa entrenar más duro que nadie todos los días del año. Nada más lejos de la realidad.
Lo que hace la Élite:
El corredor profesional tiene una fecha de inicio y una de fin. Cuando acaba su última carrera importante, cuelga las zapatillas. Desaparece. Hace un “reset” real. Entiende que su cuerpo es su herramienta de trabajo y que, si no deja que el motor se enfríe, gripará en la siguiente temporada. Planifican su descanso con la misma precisión que sus series. Saben que para rendir al 100% en primavera, tienen que estar al 0% unas semanas en invierno.
Recientemente he leído un artículo que resumía y enfrentaba las estrategias para el periodo de transición que aplican Koop, Johnston y Roche.
Cada maestrillo tiene un librillo ligeramente diferente, pero los tres coinciden en evitar el cese total del entrenamiento, persiguen sanar cuerpo y mente y abrir una ventana para trabajar en las debilidades de sus corredores.
Por cierto, me gusta ver cómo estos enfoques validan lo que hacemos en el KaizenTrail. La mejora continua no entiende de vacaciones absolutas. El invierno es peligroso porque la comodidad es muy seductora, pero es justo ahí donde se gana la temporada siguiente.
Lo que hacemos los “Mortales”:
Nosotros, los corredores populares, hacemos justo lo contrario. Enlazamos una temporada con otra sin solución de continuidad. Terminamos un maratón y al día siguiente estamos mirando el calendario para ver qué corremos el mes que viene.
Vivimos en una temporada infinita. Creemos que descansar es de flojos o que vamos a perder la forma irremediablemente.
La ironía es cruel: el profesional, que vive de sus piernas, descansa para protegerlas. El amateur, que vive de su oficina, las machaca sin piedad hasta que se rompen.
Taller de chapa y pintura
En la metodología KaizenTrail vemos este periodo como una inversión necesaria. Si quieres llegar lejos, especialmente si pasas de los 45 años, necesitas aplicar una estrategia inteligente de transición.
Al final, quien guarda, halla. Si guardas un poco de forma ahora, hallarás mucho rendimiento después. “Yo me quedo con una mezcla: escucha a tu cabeza para no quemarte (Roche), pero aprovecha para meter esas pesas que siempre te saltas en primavera (Koop).”
Aquí tienes tres reglas para aplicar esa mentalidad profesional a tu vida amateur:
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Olvida el reloj: Si sales a correr, hazlo sin GPS o ni lo mires. Corre por sensaciones, párate a mirar el paisaje o charlar. Recupera el placer de moverte sin la tiranía del ritmo.
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Entrenamiento cruzado: Es el momento de la bicicleta, la natación o el senderismo. Mantienes el motor cardiovascular encendido pero le das vacaciones a tus articulaciones.
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Fuerza pesada: Lo que da pereza hacer en abril cuando quieres afinar, se hace ahora. Levantar pesado en invierno es el seguro de vida que te permitirá correr sin romperte en primavera.
Para mis deportistas veteranos con años de experiencia, aplicamos lo que llamo una periodización circular. Planificamos ciclos completos que incluyen base, específico, afinamiento, competición, transición y vuelta a la base. Es la única forma de mantener el rendimiento y la salud a largo plazo.
Mirada larga
El objetivo final de nuestra escuela es ser deportista de por vida. Quemarse en dos años por querer correrlo todo no tiene mérito.
Vísteme despacio, que tengo prisa.
Las urgencias de enero se convierten en las lesiones de mayo. Coge tu calendario ahora mismo.
Tacha esa carrera de relleno que no te aporta nada y cámbiala por una buena sesión de empotrotrail o una ruta en bici con la grupeta. Tu yo del futuro te lo agradecerá.
Reflexión de ‘El Maestro’
La diferencia entre un corredor eterno y uno efímero no está en lo rápido que corre, sino en lo bien que para.
Los cementerios deportivos están llenos de valientes que nunca supieron decir “basta” a tiempo (eligieron *Más*, en vez de el *Mejor*)
Aprende de los que viven de esto: el silencio es parte de la música. Si no dejas espacio entre las notas, solo haces ruido.
Si te ha gustado este artículo, te gustará el resto de contenidos que compartimos en la Escuela de trail online, un espacio de aprendizaje para los corredores que piensan.
Pronto no vemos.
