Casi todo lo que se escribe sobre entrenamiento va dirigido al que va mal. Al que se lesiona, al que se estanca, al que llega roto a septiembre.
Esta carta va para el otro.
Para el que cerró la temporada contento. Bajó tiempos, terminó la carrera objetivo con buenas sensaciones y llegó a la meta pensando que por fin le había cogido el punto a esto.
Si eres tú, tengo una sola pregunta.
¿Sabrías explicar por qué salió bien?
No en general. Con nombres y hechos. Qué hiciste distinto respecto al año anterior. Qué decisión concreta produjo la mejora. Y qué parte de lo que hiciste sobraba.
Porque si no puedes explicarlo, no vas a poder repetirlo. Y lo que no se puede repetir es una racha, no un método.
El problema de atribución
Una buena temporada tiene decenas de variables moviéndose a la vez.
Quizá cambiaste de zapatillas. Dormiste mejor porque tus hijos ya eran más mayores. Encontraste un grupo de entrenamiento que te hizo apretar y disfrutar más. Empezaste a hacer fuerza porque abrieron un gimnasio y te pillaba de camino. Y aquel invierno sin llover te dejó acumular muchas más horas de montaña.
Al terminar algo, el cerebro necesita una explicación. Y suele elegir la más visible, la más reciente p la que recuerda con más facilidad.
Por ejemplo, aquellas series de mayo.
Entonces llega la siguiente temporada, repites las series de mayo y esperas que vuelva a ocurrir lo mismo.
Pero pudiera ser que las series no fueran lo que produjo la mejora. Que fueran las ocho semanas anteriores entrenando con continuidad. O dormir mejor. O dejar de acumular molestias. O haber encontrado un entorno que hizo que entrenaras mejor durante seis meses.
El corredor que atribuye mal su éxito lo pierde a la temporada siguiente y no entiende qué ha cambiado.
Los siete factores que te faltaba mirar
En 2022, Carl Foster, Stephen Seiler y Alejandro Lucía, entre otros, publicaron un trabajo que ordena esto mejor que cualquier relato de postentrenamiento.
El progreso deportivo depende de siete factores que interactúan entre sí, y una temporada puede torcerse por fallar en uno solo. El detalle que hace útil ese trabajo es el siguiente: ese factor casi nunca es el que el corredor cree que es.
1. Talento. La tierra fértil. Sin ella cuesta plantar, y sin trabajarla tampoco da fruto. No lo eliges, pero condiciona parte de lo que puedes llegar a construir.
2. Salud. El factor que más fácilmente se infravalora cuando todo va bien. Una lesión, una enfermedad o una mala recuperación pueden borrar meses de trabajo.
3. Consistencia. Cinco años entrenando bien suelen construir más que unas cuantas temporadas espectaculares interrumpidas por abandonos.
4. Desarrollo progresivo. El cuerpo necesita tiempo y las adaptaciones no respetan ni tu impaciencia ni tu calendario. Roma no se hizo en un día y el corredor inteligente tampoco.
5. Entrenamiento estructurado. Improvisar funciona durante un tiempo, y luego tiene un techo. Una estructura adecuada permite acumular estímulos con una lógica que la improvisación difícilmente consigue.
6. Objetivos claros. Entrenar mucho no significa entrenar hacia algún sitio. El objetivo condiciona qué merece la pena hacer y, sobre todo, qué puedes dejar fuera.
7. Entorno y oportunidades. Compañeros, terreno, horarios, entrenador, familia y trabajo. Variables que no controlas del todo y que facilitan o entorpecen todo lo demás.
Ahora haz algo distinto.
Coge tu buena temporada y pásala por estos siete factores. Marca en verde los que estuvieron a favor sin que tú los hubieras planificado.
Puede que descubras algo incómodo: que parte de lo que funcionó no estaba en tu plan.
Mejor salud. Un entorno más favorable. Más tiempo disponible. Un grupo que te hizo entrenar con más regularidad.
Saberlo importa, porque la salud y el entorno se pueden proteger a propósito. Lo que llegó por casualidad este año no vuelve solo el que viene.
Y ahí empieza una de las diferencias entre entrenar y aprender a entrenar.
Si no te reconoces en ningún error
En el próximo libro hablo de cinco errores estructurales que pueden limitar a un corredor incluso cuando, a primera vista, todo parece estar funcionando.
Puede que no te reconozcas en ninguno. Bien. Eso también es información.
Hay otras tres puertas de entrada que quizá encajen mejor contigo.
El techo de carga
Llevas tres temporadas aumentando el volumen. Cada año has respondido bien. Has llegado a pensar que, si más entrenamiento funciona, un poco más funcionará todavía mejor.
Hasta que deja de hacerlo.
El problema no aparece cuando llegas al techo. Aparece cuando llevas dos años apoyado en él sin saber que ese techo existe.
Las seis horas semanales
Tienes seis horas disponibles para entrenar. Pero tu planificación está construida para alguien que dispone de doce.
Recortas sesiones, acortas entrenamientos y eliminas lo que parece menos importante. Y esperas que el resultado sea proporcional.
No funciona así.
Quien dispone de seis horas no necesita medio plan de doce. Necesita las reglas de un entrenamiento construido alrededor de seis horas, que son otras.
Los cincuenta años
Sigues entrenando con la lógica que utilizabas a los treinta. Puedes hacer muchas de las mismas sesiones, y el reloj sigue registrando ritmos, pulsaciones y kilómetros.
Lo que ha cambiado es el tiempo que necesita tu cuerpo para absorber esas sesiones. Y ese dato no aparece en ninguna pantalla.
Ninguna de estas tres puertas exige que reconozcas un error. Solo que reconozcas un contexto.
Y una advertencia sobre los atajos
Hay otra trampa especialmente frecuente ahora.
Las redes, los pódcast y los divulgadores del rendimiento ofrecen un flujo constante de información sobre optimizaciones. El protocolo noruego. La hipoxia. La ventana anabólica. La variabilidad cardíaca convertida en oráculo.
Muchas de esas herramientas tienen valor. El problema aparece cuando intentas optimizar los detalles antes de haber resuelto lo fundamental.
Steve Magness y Xabier Artetxe lo dicen con una claridad que debería ser la pantalla de inicio de tu móvil: enfócate en lo fundamental antes de preocuparte por los ajustes menores.
Si duermes mal, comes sin criterio, no tienes claro qué persigues o entrenas sin estructura, añadir creatina o copiar el último protocolo noruego difícilmente resolverá nada.
Puedes terminar con un entrenamiento más sofisticado, más datos y más dispositivos. Y seguir exactamente en el mismo sitio.
Optimizar los detalles cuando los fundamentos no están cubiertos es meter ruido y distraerte de lo importante.
Haz el diagnóstico antes de empezar otra temporada
He preparado una guía gratuita con los cinco errores estructurales, cómo se reconocen y qué hacer con cada uno:
Y si no te ves en ninguno, ese resultado también es información. Porque a lo mejor tu problema no está en un error, sino en que todavía no sabes explicar qué hizo funcionar tu temporada.
El Maestro: He entrenado a corredores que llegaban con una temporada excelente detrás y una cara de preocupación que no encajaba. Sabían que había salido bien y no sabían por qué, y esa es una posición mucho más frágil de lo que parece desde fuera. El corredor que entiende su buena temporada la convierte en método. El que no la entiende se pasa el año siguiente intentando reproducir un accidente.
